"El que retiene sus palabras tiene conocimiento, y el de espíritu sereno es hombre entendido" (Proverbios 17:27)
| La Ciudad de Hiroshima, luego de la bomba atómica. |
Gravemente maltrecho se hallaba el Japón en la primavera de 1945. El general Korechika Anami, ministro de la guerra, prometía que los estadounidenses serían expulsados de Okinawa. Convencidos de que más ganaría el Japón rindiéndose que continuando la guerra hasta el final, un pequeño grupo de diplomáticos se oponían a los militaristas, y con la esperanza de obtener condiciones mejores que una rendición incondicional, iniciaron conversaciones secretas con la Unión Soviética, todavía neutral, buscando la mediación de Rusia para concertar la paz. Como por casualidad, Stalin mencionó ante el presidente Truman, en Potsdam, que los japoneses habían expresado deseos de iniciar negociaciones. Pero el dictador soviético manifestó que Rusia había rechazado la insinuación por insincera.